Alisson esbozó una pequeña y triste sonrisa, cargada de una verdad irrefutable.
—Pero hay algo que todo el dinero de los Santoro jamás podrá comprar —susurró Alisson, golpeando el punto más débil de su rival—. Jamás tendrás su corazón. Sabes perfectamente que él no te ama. Y no importa cuántos papeles firmes o cuántas amenazas lances... el hombre con el que te vas a casar no te ama ni te amará.
El silencio que siguió fue absoluto. Las palabras de Alisson destrozaron el último hilo de cordura d