Apenas el indicador del ascensor comenzó a bajar, él se sintió destruido. Massimiliano se giró de golpe hacia Alisson. La respiración se le agitaba en el pecho y el pánico puro brillaba en sus ojos zafiro. En dos zancadas acortó la distancia que los separaba.
—Ali... —susurró, con la voz rota.
Sus manos, grandes y temblorosas, volaron hacia el rostro de ella. La tomó por las mejillas, revisando desesperadamente cada centímetro de su piel, girando su rostro de un lado al otro con una suavidad q