Luego de que Danna se despidiera de sus amigas, salió del lugar sin prisa, dejándose llevar por la necesidad urgente de aire. La noche estaba tibia y la ciudad brillaba con luces que hacía tiempo no observaba con calma. Caminó despacio por la acera, escuchando el murmullo lejano de los coches, las risas dispersas, pasos ajenos que iban y venían sin conocer su caos interno.
Hacía mucho que no caminaba sola así, sin que alguien la vigilara, sin tener que dar explicaciones. Miraba los escaparates,