La tarde caía pesada sobre la casa.
El portón se abrió lentamente cuando el camión se detuvo frente a la entrada. Tom salió con la camisa arremangada, el gesto tenso, revisando con la mirada que nadie estuviera observando. Era rutina. Siempre lo era. Las cajas de su tío llegaban, se guardaban en el sótano y el asunto quedaba cerrado.
—Déjenlas ahí —ordenó a los hombres, señalando la entrada lateral que conducía directo al subsuelo.
Uno de ellos bajó primero con una caja. Otro lo siguió.
Tom cer