Danna llegó a casa cerca del mediodía, con el cuerpo cansado y la cabeza todavía pesada por todo lo que llevaba acumulado. Abrió la puerta sin hacer ruido y dejó las llaves en el posa llaves, como siempre. El silencio de la casa le pareció extraño, demasiado denso.
Se quitó la chaqueta del uniforme de la joyería y la dejó sobre una silla de la cocina. Caminó directo a la nevera, la abrió y sacó una botella de agua. Tenía la garganta seca. Bebió varios tragos seguidos, con los ojos cerrados, int