El aroma del café recién hecho llenaba la cocina cuando Danna abrió los ojos. La luz suave de la mañana se filtraba por las cortinas, pintando el ambiente con un brillo cálido, casi irreal. Se estiró lentamente, sintiendo todavía las piernas un poco débiles por la intensidad de la noche anterior.
Cuando salió de la habitación, encontró a Tom en la cocina, de pie frente a la estufa, con una camiseta gris ajustada y el cabello aún húmedo por la ducha. Tenía un mandil negro atado a la cintura y es