El sol caía lento cuando Danna abrió la puerta de la casa. El silencio cálido del hogar la recibió con ese olor característico a madera limpia y especias, el aroma que siempre estaba presente cuando Tom había estado allí por horas. Dejó su bolso en el perchero y soltó un suspiro suave, satisfecha con lo bien que había ido la tarde con sus amigas.
—Tom… ya llegué —anunció con voz dulce, dejando que su voz viajara por el pasillo.
Desde el baño se escuchó el sonido constante de la ducha. Luego,