Danna terminaba de acomodar una bandeja de anillos cuando una pareja joven entró a la joyería. Ella sonrió con naturalidad, más segura que en la mañana, y caminó hacia ellos con pasos cuidadosos pero elegantes.
—Buenas tardes —saludó con un tono suave—. ¿Buscan algo especial para hoy?
La mujer, una chica de cabello rubio rizado, sonrió con nerviosismo.
—Ah… es nuestro aniversario. Cinco años.
—¡Felicidades! —respondió Danna con calidez auténtica—. Permítanme mostrarles algunas opciones que podrían ser perfectas.
Mientras hablaba, tomó dos bandejas de la vitrina inferior. Para alcanzarlas mejor, dobló un poco los brazos, y las mangas de su suéter —una prenda fina color crema— se deslizaron hacia atrás unos centímetros. Apenas un segundo.
A ella no le pareció nada.
A nadie en el piso de ventas le pareció nada.
Pero en la oficina de arriba…
A John sí.
Él estaba apoyado hacia atrás en su gran silla de cuero, las piernas cruzadas y el vaso de whisky finalmente en la mano. Observaba las cám