—¡Agárrense de lo que puedan! —gritó Gael desde el volante.
Pisó el acelerador a fondo. El motor de la camioneta blindada rugió como una bestia desbocada y el impacto contra una de las patrullas que bloqueaba la salida fue brutal. El golpe nos sacó de balance a todos. El metal crujió violentamente, saltaron chispas por los cristales de las luces y las dos mujeres al fondo soltaron un alarido de pánico tapándose los oídos.
Instantes después, una ráfaga de disparos comenzó a sentirse contra la ch