La mañana se había desvanecido en la penumbra de la tarde cuando Agatha se encontró frente a frente con Samer en el café de siempre. Aunque el lugar estaba casi vacío, un extraño aire de tensión lo llenaba todo. Agatha trató de evitar su mirada, pero él, con su usual intensidad, no dejó de observarla mientras se acercaba.
Samer estaba diferente, con una energía que no podía describir. Algo en su postura, en la forma en que sus ojos se fijaban en ella, le hacía sentir como si todo a su alrededor