La siguiente semana transcurrió con una mezcla de emociones para Agatha. El acuerdo tácito que había hecho con Samer seguía presente en su mente, pero a medida que pasaban los días, la duda volvía a asomarse, como una sombra persistente. Aunque las palabras que Samer había dicho la habían dejado con una sensación de esperanza, las inseguridades seguían nublando su juicio. ¿Cómo podía estar tan segura de que esto no sería otro juego del destino, algo efímero que se desvanecería con el tiempo?
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