El reloj avanzaba sin piedad, y el ruido de la ciudad se desvanecía poco a poco mientras Samer y Agatha caminaban por las estrechas calles del vecindario. Cada paso parecía cargar el aire con más tensión. Sabían que el tiempo se les agotaba, y la última jugada estaba por comenzar.
Agatha ajustó su abrigo mientras observaba a su alrededor con desconfianza. El lugar no parecía ser el adecuado para una confrontación, pero las circunstancias las habían llevado allí. Después de días de planificación