La brisa cálida del atardecer acariciaba el rostro de Agatha mientras caminaba junto a Samer por la playa desierta. Habían pasado semanas desde que la tormenta de conflictos y traiciones quedó atrás, y aunque las cicatrices eran profundas, ambos sentían que finalmente podían respirar en paz. La arena bajo sus pies era suave, casi terapéutica, y el sonido de las olas se entrelazaba con el latido calmado de sus corazones.
—¿En qué piensas? —preguntó Samer, rompiendo el silencio mientras la observ