El aire en la sala estaba cargado de tensión cuando Agatha y Samer entraron en la mansión de Zayed. Las enormes puertas de ébano se cerraron tras ellos con un eco profundo, resonando en los oídos de Agatha como una advertencia. A su alrededor, el lujo opulento de la residencia parecía desvanecerse ante la importancia del encuentro. Sabía que este momento podría definir su destino.
Samer caminaba a su lado, sereno y seguro, pero Agatha podía notar la rigidez en sus hombros. Este no era cualquier