El sonido de las olas rompiendo contra las rocas le llegaba a Agatha desde la ventana abierta, una melodía calmante que contrastaba con el torbellino en su mente. Acababan de sellar una alianza con Zayed, y aunque deberían estar celebrando la victoria, Agatha no podía ignorar la creciente sensación de incomodidad que la perseguía desde aquella reunión.
Samer estaba en la sala de al lado, al teléfono con uno de sus contactos en la empresa. Desde que habían salido de la mansión de Zayed, no había