El sol comenzaba a esconderse tras las montañas, pintando el cielo de tonos anaranjados y morados, mientras Samer observaba el horizonte desde la ventana de la casa segura en la que se encontraban. Había algo en el aire esa tarde, una presión que no podía identificar del todo, pero que lo hacía sentir más incómodo de lo habitual. Agatha, sentada en el sillón junto a él, no hacía más que mirar su teléfono, pero ambos sabían que había algo que no se podía evitar más tiempo.
—Samer, ¿has pensado e