La atmósfera en el refugio se había vuelto más densa con cada minuto que pasaba. Samer se apoyó en la mesa, sus ojos fijos en el mapa desplegado frente a él. Sus dedos tamborileaban con impaciencia, mientras que Agatha, sentada en el sofá, repasaba mentalmente cada detalle de los acontecimientos recientes.
—Lo que no me cuadra —comenzó Agatha, rompiendo el silencio— es cómo alguien como Anthony pudo tener acceso a esa información sin ser descubierto antes. Él no tiene los recursos ni la capacid