El tiempo parecía dilatarse mientras Agatha y Samer observaban la pantalla del ordenador, donde las coordenadas brillaban como una amenaza palpable. Sabían que detrás de cada cifra, cada palabra escrita, se ocultaba más que una simple ubicación. No era solo un punto en el mapa; era el centro de una red de traición que podría cambiarlo todo.
Samer tomó un respiro profundo y se giró hacia Agatha, que estaba sentada frente a la mesa, con la expresión más grave que él le había visto en mucho tiempo