El aire en el pequeño taller estaba denso, cargado de tensión. Los tres, Samer, Agatha y Dmitri, sabían que sus movimientos a partir de ese momento estarían siendo observados. Los documentos que Dmitri había recuperado eran la clave para desmantelar la red de traición que los había perseguido durante tanto tiempo, pero también los ponían en la mira de un enemigo implacable. La situación había escalado a un punto en el que no podían confiar en nadie más que en ellos mismos.
Samer se acercó a la