Las calles estaban desiertas a esa hora, con solo el sonido de sus pasos rápidos rompiendo el silencio. Samer y Agatha se movían con cuidado, buscando un lugar donde planear su siguiente movimiento. Habían llegado a un pequeño taller abandonado, cubierto de graffiti y con puertas oxidadas que crujían al abrirse.
—Aquí estaremos seguros por ahora —dijo Samer mientras inspeccionaba el interior, asegurándose de que nadie los estuviera siguiendo.
Agatha se apoyó contra una de las paredes, todavía e