ALEENA
—Molly, tengo que irme. —No esperé a que preguntara por qué ni a que respondiera a lo que le había dicho. Colgué el teléfono y lo dejé a un lado, incapaz de apartar la vista de Dominic.
Tenía el rostro pálido y me di cuenta de que no parecía haber dormido bien. Casi siempre tenía algo de barba de tres días, incluso por la mañana, pero hoy la tenía más espesa.
En las semanas que lo conocía, esta era una de las pocas veces que lo había visto con un aspecto menos que impecable.
—Dominic. —M