—Rittenour —dijo con brusquedad. —Soy Penelope Rittenour —dijo, lanzándome una mirada desdeñosa—. ¿Y usted es...?
Salí de detrás del escritorio. No sé qué me impulsó. Quizá fue esa mirada desdeñosa, o quizá la forma en que me habló, con un tono casi idéntico al de Jacqueline St. James-Snow. Pero me encontré extendiendo la mano. —Soy Aleena Davison, la asistente personal de Dominic.
Una cosa que ya sabía sobre la élite neoyorquina era que la mayoría jamás se dejaría ver siendo grosera. Al menos