DOMINIC
Había desarrollado un nuevo pasatiempo favorito: robarle las bragas a Aleena.
Hasta ahora, le había confiscado cuatro pares.
Ella estaba de compras, buscando más.
Estar lejos de ella tenía sus pros y sus contras. Me permitía concentrarme en el trabajo y en todos los proyectos que habitualmente me abrumaban. Pero al mismo tiempo, hacía que mi mente volviera a ella y a las cosas que quería hacerle, y a las que no estaba seguro de si algún día llegaría a hacer.
Me estaba obsesionando.
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