—No es que lo haya planeado. —Me puse a la defensiva—. Vamos, si fuiste tú quien la trajo a esa supuesta segunda entrevista.
—Lo sé. Y estoy aquí sentado, hablando contigo, y me doy cuenta de que pareces… feliz. Dominic, no recuerdo haberte visto feliz nunca. —Me tendió la mano—. No de verdad.
Nunca había sido capaz de rechazar un gesto tan simple, así que lo acepté y, cuando me hizo sentar, me senté. Me escrutó con intensidad. Lo que fuera que viera, la hacía relajarse.
—Quizá te convenga. —Fa