Tu calor me consume.
Y lo hizo. Con una fuerza descomunal, su cuerpo estalló en mil pedazos. Gritó, tembló y sollozó mientras las ráfagas de placer la arrastraban como una marea incontrolable.
Cuando abrió los ojos, aún sacudida por el clímax, se encontró siendo levantada.
Derek la acomodó sobre sus muslos con una sonrisa ladina que gritaba pecado.
Ella apenas podía hablar.
Todavía jadeaba.
Y entonces, él se apartó.
Se levantó de la cama y, frente a sus ojos, empezó a desvestirse. Primero la camisa, luego el pantal