Más bestia que hombre.
Scarlet asintió, sintiendo cómo la culpa se deslizaba por su espina dorsal. Tragó saliva con esfuerzo, temiendo la siguiente palabra.
—Sí. Lo estoy —confirmó Derek—. Pero no porque eligieras a tu madre sobre mí. Eso jamás te lo reprocharía. Estoy enojado porque no confiaste en mí… porque no me contaste nada. Scarlet, si mi madre no hubiera adivinado las artimañas de mi padre y rescatado a la tuya, tú estarías atrapada en su juego. ¡Casi caes en su trampa!
—Yo… no lo pensé así… —susurró ella, co