Arrepentimiento.
Scarlet no podía creer lo que había escuchado. Ese hombre dulce que la había conquistado con gestos bonitos, frases tiernas y sonrisas que le calentaban el alma… de repente, le pareció aterrador.
Tenía los ojos encendidos como brasas, y los músculos tensos, como si estuviera conteniendo un huracán por dentro.
Quiso preguntarle qué pasaría, pero tan pronto abrió la boca, Derek se giró con brusquedad hacia Lioran.
—¡Avisa a Reiden! —ordenó con voz ronca, como si cada palabra saliera empujada por