Romper el vínculo o morir.
En la manada, bastó con que Ana cruzara el umbral de la puerta para que Mario, el padre de Derek, fuera de sí. La sujetó del brazo con tanta fuerza que sus dedos se le marcaron en la piel.
Estaba furioso. No furioso… irracional. Las venas del cuello le latían como si fueran a estallar, y su rostro endurecido parecía tallado en piedra.
—¡Mujer estúpida! —rugió, sacudiéndola—. ¿Por qué te metiste en mis planes? ¿Por qué siempre te empeñas en llevarme la contraria? ¡Soy tu compañero y me traiciona