Energía divina.
De pronto, del pecho de Scarlet brotó una luz blanca, incandescente, imposible de describir.
No era fuego. Tampoco magia común. Era energía pura, multiplicándose a través de su cuerpo como si fuera una antena divina… y ella, la dueña del rayo.
Los lobos que aún respiraban comenzaron a temblar. Pero no de miedo, sino de poder.
Scarlet no entendía lo que estaba haciendo. No pensaba. Solo sentía.
Sentía el dolor de Derek enfrentando a su propio padre.
La angustia sofocante de Reiden.
El miedo agud