El lobo que cuida lo suyo.
Scarlet palideció al ver que las puertas habían atrapado el brazo de Leo.
Ella forcejeó frenética, intentando abrirlas, con el corazón desbocado.
Justo en ese momento, Derek, que había abandonado la junta al sentir una punzada en el pecho, apareció.
—¡Quítate! —rugió, apartando a Scarlet con suavidad.
Sus ojos destellaron con furia y su fuerza lobuna se activó. Con un empujón que desafió toda lógica humana, abrió las puertas de un tirón. El cristal chirrió… y cedió.
Leo cayó al suelo, temblando