El hombre más adinerado de este país.
—¡Auch! ¿Pero qué le pasa, señora loca? —reclamó, llevándose la mano al golpe.
—¡Si no quieres que llame a la policía, suelta ese dinero ahora mismo! ¡Lo manipulaste, lo embaucaste! —chilló la mujer, levantando de nuevo su cartera como si fuera un arma letal de repetición.
Scarlet retrocedió un paso, entre el dolor, el asombro y las ganas de reírse por lo patético de la escena.
—¿La policía? ¿Por qué? ¿Por no aceptar chantajes maternos con carteras vintage? —espetó sarcástica, levantando una ce