Castigo para la presumida loba gamma.
En la habitación de invitados, recostado boca arriba, con las manos entrelazadas bajo la cabeza, Reiden no paraba de pensar en lo necia que estaba siendo su hermana… y en lo condenadamente peligrosa que resultaba Zhana para su autocontrol. Esa mujer, con su descaro coquetón, lo tenía al borde. Lo peor era que sabía que, tarde o temprano, tendría que caer en sus redes y completar el vínculo. Pero su orgullo no le permitía ceder.
Pues le carcomía la idea de que otros lobos ya hubieran tenido lo q