Reina con título vacío.
Habían pasado tres horas y Derek ya no sabía qué hacer consigo mismo. Se había terminado cinco botellas de ron enteras —aunque a su metabolismo apenas le hacían cosquillas—, había revisado y firmado papeles importantes, resuelto problemas que cualquier otro alfa tardaría días en concluir… y, aun así, nada lograba distraerlo del nudo en el pecho ni del zumbido de ansiedad que lo hacía girar en círculos como un lobo enjaulado.
Finalmente, incapaz de soportar más, volvió a pararse frente a la puer