La semana pasó con una lentitud agonizante. Olivia y Alexander se movían por el ático como dos planetas en órbitas distintas, ocasionalmente alineándose brevemente antes de separarse de nuevo. El sobre de Lockwood Global permanecía escondido en el fondo de su bolso, una presencia constante, un secreto que pesaba más cada día.
Alexander parecía estar más ausente que nunca. Salía temprano, regresaba tarde, y cuando estaba en casa, su mente estaba claramente en otro lugar. En la expansión europea. En los proyectos con Isabella. En todo menos en ella.
Olivia trabajaba en el proyecto de Boston con una dedicación que rayaba en lo obsesivo. Era lo único que todavía sentía suyo, y la posibilidad de que incluso eso pudiera ser absorbido por la fusión Vance-Rossi la hacía trabajar más duro, como si pudiera asegurar su lugar a través de puro esfuerzo.
El jueves por la mañana, algo diferente sucedió.
Alexander estaba en la cocina, preparando café, cuando ella entró. Normalmente, él ya habría sali