La caída del 8% fue un golpe bajo la cama. Una grieta en el pedestal. Charles no podía ignorarla. La confianza, una vez perdida, era un fuego que se apagaba rápido y se encendía lento.
El martes por la mañana, convocó a su equipo de comunicaciones y finanzas. No había tiempo para análisis extensos. Necesitaba un mensaje. Un mensaje fuerte, simple, y que calmara los nervios de los mercados. No podía vender crecimiento visionario porque no lo tenía. Pero podía vender lo contrario: certeza.
—El me