El lunes llegó con la promesa de otra semana interminable en Vance Enterprises. Olivia había pasado el fin de semana en el ático, pero en una habitación diferente a la de Alexander. Habían establecido un nuevo récord: cuarenta y ocho horas sin intercambiar una sola palabra.
Pero el trabajo era el trabajo, y el lunes por la mañana, ambos bajaron a la oficina en el mismo elevador, separados por una distancia que podría haber sido un océano.
Alexander tenía reuniones todo el día. Olivia lo sabía porque había revisado su agenda compartida por costumbre, antes de recordar que ya no le importaba. O al menos, eso trataba de convencerse a sí misma.
Ella tenía su propia agenda apretada. Revisiones del proyecto de Boston. Reuniones con proveedores. Informes para la junta. Trabajo, trabajo y más trabajo. Era el único idioma que todavía compartían.
A media tarde, necesitaba firmar unos documentos que Alexander tenía en su oficina. Normalmente, habría enviado a su asistente. Pero hoy, algo - tal v