El silencio en el ático no era paz; era la calma tensa y electrizante que precede a la batalla. Veinticuatro horas. Ese era el número que latía en la mente de Olivia, un tictac mental implacable. Veinticuatro horas separaban al proyecto del hotel piloto en Boston—su proyecto—de su inauguración, el momento de la verdad, la validación definitiva de todo por lo que había luchado.
La madrugada había encontrado a Olivia ya en pie, rodeada de planos desplegados sobre la larga mesa de la sala principal. Bajo la fría luz que precedía al amanecer, los documentos parecían un campo de batalla cartografiado. El éxito le daría un lugar indiscutible en Vance Enterprises. El fracaso… el fracaso no era una opción que su mente, agotada pero alerta, se atreviera a considerar.
El aroma a café de grano recién molido llenó el espacio, anunciando la presencia de Alexander antes de que ella lo viera. Él emergió de su suite, impecable como siempre, incluso a esa hora antinatural. Su traje era una armadura de