La luz del amanecer bañaba el ático con una claridad implacable que parecía burlarse de la niebla emocional que aún persistía entre sus habitantes. Olivia, ya vestida con un traje pantalón de corte impecable y un blazer que le confería una armadura de seriedad profesional, revisaba por última vez su tableta en la cocina. Los planos del piso piloto del hotel de Boston, sus notas meticulosas, los informes de los artesanos locales... todo estaba allí, ordenado y listo para la batalla. El aroma del