Capítulo 38

Mientras veo mi muñeca vendada, siento el hueco dolor de cabeza azotarme. La enfermera me ha limpiado y cubierto las heridas de mi mano y brazo izquierdo, al parecer unas esquirlas del cristal lograron perforar la tela de mi chamarra y llegar a mi piel; son solo heridas superficiales, según la experta me dijo.

Por el dolor de cabeza me dijo que tenía que esperar un rato a que mi presión sanguínea se regularizara; pero si sigue la molestia, ya me daría un medicamento. Como todavía tengo el cuerp
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