-¿Caro, Caro, estás bien? –se escucha una voz femenina al fondo, pero no puedo abrir mis ojos. En algún punto me quedé dormida en la sala antes de cenar. Debe ser Miriam que está tratando de levantarme para la cena, pero en este momento no reacciona ninguna parte de mi cuerpo, ni mi boca para contestarle.
-¿Pues qué le diste en el té? –otra voz pero ahora masculina, creo que es Armando con tono regañón y preocupado.
-Nada, solo le di el té que hacía mi mamá... –esa debe ser Dulce. Los parpados