Entré a la fiesta, ¡qué suerte! Me dejaron entrar sin problema, seguro por mi facha... No parezco una agente de la FGR en lo absoluto, aunque para ser sincera me siento incómoda por el largo (o más bien, corto) de mi falda. Afortunadamente, adentro todo está a media luz.
El lugar es enorme, es una fábrica abandonada pero aclimatada para este tipo de fiestas. Hay una barra enorme en la que sirven bebidas a todos los invitados, además hay un número ridículo de meseros atendiendo los privados, sal