Es sábado, cerca del mediodía. Apenas voy abriendo los ojos y me llega la resaca de golpe acompañada de un terrible dolor de cabeza.
Luego de mi escena dramática en la Fiscalía y en el parque, tomé un taxi que me trajo a casa. Como mujer adulta y responsable que soy, hice lo que cualquiera hubiera hecho: una gran estupidez. Agarré la botella de tequila y me serví unos cuántos ‘caballitos’, a verdad es que perdí la cuenta después del sexto.
Claro que no hubo alimento en el menú, por lo que llevo