Lionetta abrió los ojos lentamente y lo primero que encontró fue la mirada fija de Angelo sobre ella. La luz de la mañana delineaba los contornos de su rostro y de su torso parcialmente descubierto.
Sus dedos picaron por acariciarlo y comprobar si era real o si aún estaba durmiendo. No sería la primera vez que soñaba con él. De hecho, sus sueños estaban llenos de él. Y, tanto si era un sueño o la realidad, él siempre se veía tan bien.
No podía imaginar nada mejor que despertar todos los días a