Apenas un par de minutos después, Roberta, los padres de Lionetta y sus hermanos entraron a la habitación. Las emociones contenidas eran evidentes en sus rostros, aunque todos intentaban mantener la compostura.
Vanessa fue la primera en llegar al lado de su hija. Se sentó a un lado de la cama y abrazó a Lionetta, como si necesitara convencerse de que realmente estaba ahí, a salvo.
—Dios mío, hija… —susurró con voz temblorosa—. Estaba asustada cuando llegaste inconsciente. Habría salido a acabar