Mundo ficciónIniciar sesiónCuatro historias de amor muy distintas con el mismo origen del mal. Un tutor y su médica residente cruzan la delgada línea entre lo profesional y lo prohibido. Una asistente se consume en silencio por el hombre que firma su salario… y podría romper su corazón. Un matrimonio por contrato en el que un vientre se convierte en moneda de cambio. Una estrella de trap que, en la cima del éxito, se enfrenta al pasado que juró olvidar. Distintas historias, distintas pasiones… y un secreto que late en las sombras, esperando el momento justo para destruirlo todo.
Leer másCapítulo I - EmanuelAl volver a mi departamento, noto que Vanesa no está en el living. Supongo que se quedó dormida, pero cuando la busco me doy cuenta de que no está en mi dormitorio. Llamo un par de veces, reviso hasta el baño.Regreso a mi habitación y me acerco a la cama. El cajón de la mesa de luz está mal cerrado, lo abro inquieto. El mouse está en otra posición, apenas movido. Saco la notebook, la prendo y voy directo a revisar el acceso remoto y los registros de las cámaras. Bingo. Ella estuvo tocando mis cosas.—Sí que sos inteligente, me descubriste.Murmuro medio sonriendo, sin decidir si estoy más sorprendido o fascinado. Sobre todo, al darme cuenta de que sacó mi contraseña sin problemas.Reviso las cámaras, reproduzco los últimos minutos. La veo cruzando la puerta de entrada diciendo mi nombre antes de salir. Retrocedo más, abrió la laptop, entró en la carpeta con su nombre, revisó fotos y videos. Me quedo observando su expresión en las distintas cámaras que tengo insta
Capítulo V - EllosVanesa se siente mareada, como si hubiera ingerido un ansiolítico fuerte. No entiende qué le ocurre. Cuando abre los ojos, la confusión es total: no reconoce el lugar. Un ruido la alerta y, al girar la cabeza, comprende que está dentro de un automóvil. La puerta se abre y el exdecano Orlando la saca del vehículo con brusquedad.Ella levanta la vista y, poco a poco, identifica el sitio. La ha traído a la casa de los padres de Emanuel.—Vamos, mi pequeña perrita. No nos queda mucho tiempo —dice Orlando, arrastrándola hacia el interior de la enorme propiedad, rodeada de flores impecablemente cuidadas. Quién diría que un lugar tan hermoso pudiera albergar escenas tan dolorosas y oscuras.—No quiero —protesta Vanesa, intentando soltarse, pero su cuerpo no responde, no tiene fuerza.Sabe que él planea lastimarla. Se lo advirtió en el pasado, y Orlando es un hombre que cumple sus amenazas, sobre todo si están alimentadas por la venganza.—No tienes opción —responde él, arr
Capítulo IV - VanesaMe quedo sola en el departamento de Emanuel y después de desayunar y lavar los platos me siento mejor. No tengo mi computadora para terminar mi trabajo, así que agarro la suya. Al encenderla, me pide contraseña. Claro… Él siempre con sus claves. Recuerdo la que usé para desbloquear su celular una vez y la escribo, pero no funciona. Obvio. Emanuel jamás repetiría una contraseña, con lo obsesivo y detallista que es.Los sistemas de contraseñas de las computadoras de esa marca suelen pedir ocho dígitos. Saco un papel y anoto su cumpleaños en todas las combinaciones posibles. La mayoría usa su fecha de nacimiento como clave. Como la trajo de Dinamarca, pruebo el formato danés: primero el año, después el mes y el día. “Enter.” Nada.Empiezo a resignarme. Sin la computadora, no voy a poder trabajar. Y entonces recuerdo: el celular… tenía mi fecha de nacimiento invertida. ¿Coincidencia? Escribo mi cumpleaños completo, invertido. Pulso “Enter”. La pantalla se abre. Sonrío
Capítulo III - EmanuelLa vi tan frágil que me sorprendió. La desvestí con cuidado, la llevé a la ducha y limpié su cuerpo. Cuando terminé, la saqué envuelta en una toalla y la llevé hasta la cama. La cubrí con una manta, y antes de apartarme, le saqué una foto. Su rostro tenía esa hinchazón inconfundible de quien ha llorado demasiado. Pero… ¿Por qué estaba tan mal?El paciente no iba a sobrevivir, y Vanesa es lo bastante inteligente para saber que hizo todo lo posible. No era eso lo que la llevó a beber así. Nunca la había visto tan ebria… salvo aquella noche en la que me confesó lo que sentía por mí. Desde entonces, cada vez la entiendo menos.Hace una semana, contacté a algunas personas para averiguar cuál había sido su relación con mi padre. Por su lado, todos repetían lo mismo: estrictamente profesional, nada más. Pero por el lado de Vanesa… bueno, sus compañeras no me dijeron que había sido con él, pero sí que había sufrido mucho. El hombre en cuestión, primero no le prestó aten
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