Angelo no dejaba de sacudir la pierna, ansioso, mientras el médico evaluaba a Lionetta. Ella había despertado brevemente durante el viaje de regreso a casa, lo había mirado apenas un instante antes de volver a quedarse dormida. Su respiración pausada fue lo único que evitó que perdiera la cabeza.
—Todo parece estar bien con la señora —dijo finalmente el doctor—. Sus signos vitales son estables y no hay indicios de envenenamiento. Lo más probable es que despierte en en cualquier momento.
—¿Está