Lionetta tomó la camiseta de Angelo por el borde inferior y la levantó, retirándosela de lanzarla a algún lugar de la habitación, sin preocuparse por dónde caía. Sus dedos comenzaron a recorrerle el pecho con lentitud, dibujando las líneas suaves que marcaban cada uno de sus músculos. Luego subió las manos hasta sus hombros y empezó a masajearlos.
La tensión marcaba las facciones de Angelo, y sus músculos estaban rígidos. Ella sabía que él estaba preocupado por ella y por lo que podría suceder,