Lionetta levantó la mano y golpeó un par de veces la puerta con el puño cerrado. Esperó en silencio, sin recibir respuesta. No se escuchaba ningún ruido procedente del interior, pero estaba segura de que Tazio estaba allí. Los hombres de Angelo habían confirmado que él no había salido en toda la mañana.
Volvió a golpear, esta vez con más firmeza.
—Tazio —llamó, alzando un poco la voz.
Unos segundos después, escuchó un leve movimiento al otro lado. Finalmente, la puerta se abrió.
Tazio frunció e