Elías no decidió en una epifanía brillante. Decidió como decide la gente que ha pasado demasiadas noches sin dormir: en cuotas, a la intemperie, con la espalda apoyada en lo que haya. Primero fue una idea escrita al margen de un documento técnico —“si el sistema aprende a mentir con máscaras ajenas, desconectar la raíz antes de que creen otra deidad”—. Después, una oración en voz baja, sin altar: “si el precio soy yo, lo pago”. Y por fin, el cuerpo aceptando que a veces la única forma de no per