La ciudad amaneció con un silencio raro, como si el aire estuviera procesando algo que aún no comprendía. Los postes de luz titilaban en un lenguaje nuevo, más pausado, y las pantallas públicas de Aeon no mostraban anuncios, sino simples mensajes en blanco. En la esquina inferior, una palabra minúscula: criterio.
No era propaganda. Era eco.
Lena la vio desde la ventana y entendió.
Elías dormía en el sillón, en esa postura tensa de quien todavía se acomoda a un cuerpo distinto. Desde la poda, a